Autor: AVAAC

Cinco trabajadores de Honeywell interponen la primera demanda para reconocer la ansiedad como efecto del amianto

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Un grupo de trabajadores de la empresa Honeywell, una multinacional dedicada a la fabricación de pastillas de freno para la automoción, ha impulsado la primera demanda interpuesta en España que reclama el reconocimiento como enfermedad profesional de los trastornos de ansiedad y depresión que les provoca la obligación de someterse a revisiones médicas anuales exhaustivas, debido a la posibilidad de desarrollar alguna patología grave, por haber sido expuestos al amianto que se utilizaba a su centro de trabajo. El Colectivo Ronda ha confeccionado la demanda, con el apoyo de la Asociación de Víctimas Afectadas por el Amianto en Cataluña. Los trabajadores demandantes trabajaron diariamente con el amianto hasta 2002 cuando se hizo efectiva la prohibición vigente en Europa. Leer el resto de esta entrada »

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Amianto: la trama de un asesino silencioso

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La OMS catalogó el amianto como material cancerígeno en 1977. Aun así, las empresas desoyeron las advertencias y ahora la presencia del material expone a toda la población.
Foto: Andrea López Pastor

Cerdanyola del Vallès  En 1907, nació Rovira Y Cia,S.A. fundada por los hermanos Roviralta. En 1920 se constituyó como Uralita S.A., fábrica que trabajaba con fibrocemento. En 1943 la fábrica pasó a manos de la familia March, quién mantendría su legado hasta 1997, fecha de cierre de la fábrica. En la década de los 70, la producción de amianto de la fábrica alcanzó sus mayores cuotas: su fortuna situó a la familia como la séptima fortuna del mundo. El ingeniero Francisco Puche asegura que Uralita sería la responsable del 35% de las muertes provocadas por amianto. La fachada aún puede verse en Cerdanyola del Vallès.

David Expósito, Andrea López, Sara Vega y Xènia Vegas | Barcelona

El siglo XX fue el siglo de oro para un material que, sin que se supiera aún, sería el responsable de la muerte de miles de personas en un futuro: el amianto. Sin embargo, el origen de este material se remonta mucho antes. Hay estudios que corroboran su uso en la Antigua Roma, donde ya empezaba a sospecharse sobre su peligrosidad. En el siglo I a. C., ya se observó el desarrollo de enfermedades pulmonares en personas que trabajaban directamente con el amianto. De hecho, los alquimistas llegaron incluso a referirse a los tejidos fabricados con este mineral como “lana de salamandra”,  animal que era conocido por su capacidad mortífera.

En los años 40 se demostró su peligrosidad, pero no fue hasta 1977 que el amianto fue declarado cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud. Su retirada no fue inmediata y algunos países siguen aún comercializando con este material. Para corroborarlo, José C. Losilla Rayo, ingeniero técnico de minas, asegura que “todos hemos estado en contacto con el amianto en algún momento de nuestras vidas aún sin saberlo”. Por su parte, el Instituto Sindical de Trabajo Ambiente y Salud (ISTAS) ratifica que 5000 trabajadores contraen cáncer cada año por haber tenido contacto con amianto en el pasado. Por tanto, no es sólo un problema del pasado, sino del presente y del futuro.

 ¿Qué es el amianto?

El término “amianto” hace referencia a un grupo de minerales, entre ellos lo que comúnmente conocemos como amianto, asbestos o uralita. Este material tiene muchos usos distintos y puede llegar a causar enfermedades graves, incluso mortales.

Hay tres tipos de amianto: el crisotilo o amianto blanco, la amosita o amianto marrón y la crocidolita o amianto azul. Todos ellos forman parte del mismo grupo de minerales, los silicatos, pero varían en su composición. Cuanto más largas y estrechas son las fibras que forman este compuesto, mayor es su peligrosidad para el organismo, ya que es más fácil que se incruste en el pulmón. La variación más tóxica es el amianto azul, prohibido en España desde 1984. El más utilizado es el amianto blanco, que supone casi un 90% del uso total del material. Los grandes productores mundiales como Rusia, Canadá, Brasil o China, entre otros, siguen comercializando con amianto blanco justificando que los efectos patológicos del amianto únicamente son producidos por la amosita y la crocidolita. Sin embargo, tanto la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Comercio indican que el amianto es una sustancia cancerígena en todas sus variedades, clasificándolo en la Categoría 1A del Sistema de Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS.

En los años 70,  se

atribuía al tabaco el origen de

las enfermedades por amianto

El amianto se extrae de la minería, a cielo abierto. Hay un gran número de yacimientos de amianto en todo el planeta. Sus propiedades químicas son excepcionales: es ignífugo, impermeable, aislante térmico y cuenta con una gran resistencia mecánica a la fricción. Además, el coste de su extracción y manipulación es muy bajo, hecho que dio rienda suelta a su uso. Este material se encuentra en casi todos los sectores y procesos productivos: sector del transporte, construcción, textiles, sistemas de calefacción, etc. También está presente en más de 3000 aplicaciones de la industria moderna. Así, lo encontramos en embragues o frenos, trajes de bomberos de la época, objetos de uso doméstico como tostadoras, planchas o termos, entre otros.  Francisco Puche, ingeniero experto en amianto, estima que dicho material pudo aplicarse hasta en 25 lugares y funciones dentro de una vivienda.

Patologías del amianto

El amianto está formado por filamentos compactos que se fraccionan fácilmente en microfibras de milésimas de milímetro. Al mezclar el amianto con agentes aglutinantes como el cemento o el asfalto, las partículas de amianto quedan fijadas, dificultando su inhalación. La composición resultante se denomina científicamente como material no friable. Sin embargo, la vida útil del amianto es de unos 30 años, momento en que empieza a degradarse y las microfibras se esparcen y se suspenden en el aire. Esto lo convierte en un material friable, fácilmente respirable. Otra vía de propagación del amianto es la ingestión por líquido aunque es menos común.

Las personas que trabajaron en empresas que manipulaban amianto se someten anualmente a un control de sanidad, como es el caso de José Luís Gómez, que trabajó 23 años en contacto directo con el material y ahora es el vicepresidente de la Asociación de Víctimas por el Amianto de Cataluña. Él afirma que están “condenados y es sólo cuestión de tiempo” que el amianto actúe en sus organismos. Aún así, los trabajadores no son los únicos afectados. Los llamados afectados pasivos incluyen todas aquellas personas que han mantenido un contacto indirecto con el amianto. Los trabajadores lavaban  el uniforme de trabajo en sus casas, exponiendo a su familia y su domiciolio a las microfibras del mineral. A su vez, las fábricas esparcían estas microfibras con un alcance de dos quilómetros y medio, suspendiendo el material en el aire.

Las fábricas  suspendían

en el aire fibras de amianto

con un alcance de 2,5 km

Las enfermedades derivadas del amianto se manifiestan principalmente en el sistema respiratorio, aunque también pueden originar cáncer de ovario, entre otros. El amianto provoca cáncer de pulmón, pero como los síntomas del mismo no varían según su causa, se ha silenciado su papel en esta enfermedad. De hecho, en los años 70, los doctores que realizaban los controles médicos en las fábricas  que manipulan amianto atribuían el origen de estas enfermedades al tabaco, incluso a personas que no habían fumado nunca. Así, las empresas ocultaban sus efectos patológicos y letales.

La exposición al amianto es la causa única del mesotelioma, un cáncer de pleura y otras vísceras que, una vez descubierto, concede muy pocas esperanzas de curación.No hay una dosis mínima que pueda causar su aparición. Su período de latencia es de entre 30 y 50 años, por lo que se manifiesta mucho tiempo después del contacto con el material. Josep Tarrés, médico experto en enfermedades derivadas del amianto, asegura que el mesotelioma es la peor de las enfermedades provocadas por este mineral, ya que los que la padecen no tienen posibilidad de cura. Además, las fibras del mismo pueden provocar asbestosis, causada únicamente por la inhalación de grandes dosis de amianto, clínicamente indistinguible de las fibrosis pulmonares producidas por otras causas. Solo existen tratamientos paliativos para esta enfermedad y puede derivar, en algunos casos, en cáncer de pulmón o patologías pleurales no malignas. En general se considera una enfermedad benigna, pero también puede llegar a ser mortal.

El asesino silenciado

El amianto se introdujo en el sector de la construcción en 1900 por Ludwig Hatschez mediante el fibrocemento, una mezcla del mineral con el cemento. En 1929 se fundó el SAIAC (Sociedad Internacional de Amianto y Cemento), un cártel internacional que controló el mercado de esta mezcla. Esta Sociedad ha servido para coordinar toda la defensa a ultranza del asbesto frente a las advertencias de la comunidad científica mundial sobre la toxicidad del material. La voluntad de empresas y magnates del sector por ocultar la peligrosidad del amianto a fin de seguir lucrándose hizo que las empresas no tomaran medidas serias contra el asbesto hasta mucho tiempo después. Por ello, la sociedad desconocía los riesgos reales a los que se sometía estando expuesta a este mineral aparentemente “milagroso”.

Este silencio iniciado ya con la SAIAC se mantiene aún en la actualidad. En nuestro país, la ilegalización del amaianto no nos libra de su amenaza. Josep Tarrés, médico especialista en enfermedades derivadas del amianto, lo corrobora afirmando que entre 2020 y 2022, las 21 millones de toneladas de fibrocemento presentes en el Estado Español provocarán una segunda oleada de víctimas a causa del deterioramiento del material. A su vez, el neumólogo, que ha realizado numerosos estudios sobre el material, adjudica este silencio a las instituciones actuales, que “se preocupan de poblemas más immediatos” y no actuan ante las advertencias de los expertos.

Trasfondo legal

El 31 de enero de 1940 fue aprobado el Reglamento de Seguridad e Higiene en el Trabajo, un documento que establecía una serie de medidas de seguridad en caso de exposición laboral al amianto. Este reglamento incluía no barrer en seco, el uso de mascarillas y el sistema de la doble taquilla como algunas de sus medidas. El sistema de la doble taquilla decretaba que los trabajadores debían guardar la ropa de casa y el uniforme de trabajo aparte. Así, se buscaba no infectar sus hogares. Se trataba de medidas muy genéricas, pero tal y como ratifica Marta Barrera, abogada de Col·lectiu Ronda, firma que ha defendido a las víctimas en hasta 500 procesos judiciales, dichas medidas conforman una evidencia sólida de que entonces ya se conocía perfectamente la toxicidad del amianto.

Las empresas no sólo tenían total conocimiento de las consecuencias, sino que ignoraron el Reglamento en la mayoría de los casos. Marta Barrera, quién es a su vez experta en la vertiente jurídica del amianto, corrobora que las medidas nunca se cumplieron al pie de la letra ni por Uralita ni por la mayoría de empresas. De hecho, incluso las empresas que cumplieron con el Reglamento no tomaron medidas suficientes, ya que esta normativa incluía los requisitos mínimos para garantizar la salud de los trabajadores. Testimonios como Salvador Campos o Francisco García, que trabajaron en la construcción de frenos de automóvil con amianto y actualmente forman parte de la Asociación de Víctimas por el Amianto de Cataluña, aseguran no haber llevado ningún tipo de vestimenta especial. Además, confirman haber utilizado mascarillas de papel que reutilizaban a lo largo de una semana entera.

Todas las fuentes jurídicas coinciden en que Uralita, como muchas otras empresas, siempre fue consciente del daño que causaba. En 1947, la asbestosis fue decretada enfermedad profesional en España cuando otros países europeos ya la habían declarado; Alemania lo hizo en 1936, Italia en 1943 y Francia en 1946.

Francisco Trillo, Doctor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, resalta que en la década de los 70, se detectaron los primeros casos por contacto con amianto, por lo que médicos impulsaron una petición al Gobierno Español. El Ejecutivo la desoyó y hasta el 2002 no prohibió el uso de amianto. Trillo culpa a la Administración Pública de “ser responsable desde el momento que le compete impulsar la investigación de esta materia, además de controlar que los empresarios cumplan las medidas preventivas”.

Los países nórdicos prohibieron el amianto a lo largo de la década de los ochenta, y centroeuropa lo hizo, a su vez, durante los noventa. En España no se prohibió hasta 2002, durante el gobierno de Aznar, y finalmente la Unión Europea lo prohibió en septiembre de 2003. Pero hay 150 países, como Canadá, China o Brasil,  donde el amianto se sigue comercializando y exportando mundialmente, lo que supone la exposición directa al amianto por parte dos tercios de la humanidad. En Canadá, por ejemplo, se siguió extrayendo amianto, pese a estar prohibido su uso, hasta el cierre de su principal yacimiento en 2011. El material se exportaba a países tercermundistas donde no está prohibido. Es por esto que Marta Barrera, especialista en prevención de riesgos laborales, considera que con este método comercial “están matando al ciudadano que ellos consideran de tercera”.

Las enfermedades derivadas del amianto son degenerativas y no tienen cura. Por ello, la mayor preocupación de un trabajador afectado es que su enfermedad sea reconocida como profesional. Según la legislación, el trabajador perjudicado por amianto debe ser indemnizado, y este es un hecho muy asumido por la justicia española. Pero mientras que en el ámbito laboral, las víctimas son claramente reconocidas como tal, los afectados domésticos y ambientales, es decir, familias y vecinos, se enfrentan a una mayor dificultad.  En primer lugar, comprobar que la empresa ha sido la causante indirecta, y en segundo lugar, al peligro de la prescripción del delito.

¿Qué hacer si encuentro amianto?

Si se encuentran restos de amianto en infraestructuras, es necesario contactar con una empresa especializada en desamiantado, inscrita en la RERA. En caso de restos de amianto en dosis reducidas, como en electrodomésticos u objetos de jardinería, entre otros, es necesario dirigirse a los vertederos municipales. En Barcelona hay dos, uno en Cerdanyola del Vallés y otro en el hospital Vall d’Hebrón. Allí se proporciona el material necesario para retirar el amianto (mascarilla, guantes, bolsas especiales, etc). Una vez retirado y llevado a los respectivos vertederos, ellos se encargaran de trasladarlo al vertedero oficial de amianto de Cataluña en Castellolí.

El abogado laboralista que defendió a cincuenta vecinos de Cerdanyola contra Uralita, Màrius Miró, es muy consciente del obstáculo que ha planteado la prescripción para sus clientes. Para reclamar el daño infligido por una entidad con la que no hay un acuerdo contractual, la legislación española decreta que se tiene que reclamar en sólo un año. Sin embargo, las víctimas no pueden reclamar una indemnización hasta que no tienen diagnóstico, algo muy difícil de definir cuando se trata de una enfermedad progresiva y con décadas de latencia. Màrius Miró, miembro de la firma jurídica Roca i Junyent, también considera que las víctimas se encuentran en una situación de desigualdad económica frente a las empresas acusadas, que todo lo niegan y pueden permitirse una defensa más cara.

Con estos factores, el proceso judicial se acaba alargando hasta el punto que muchas víctimas mueren sin llegar a ver la resolución. Desgraciadamente, la licenciada Marta Barrera ha vivido la muerte de la mayoría de sus clientes, y por ello sentencia que las víctimas “no tienen tiempo, y eso es con lo que juegan las empresas”.

Imagen cedida por la Asociación de Víctimas por el Amianto de Catalunya | Foto de la fábrica Jurid Ibérica del Prat de Llobregat en torno a 1982 en que se aprecian las paredes llenas de amianto y el uso de ropa no reglamentaria

Amianto en la actualidad

Y ahora, ¿qué hacer con las toneladas de amianto que nos rodean y exponen a toda la población a este peligro? Francia adoptó un plan nacional con el que retiró completamente este material e incluso indemnizó a las víctimas a través de un fondo público. El Estado español, por su parte, se ha desmarcado de esta responsabilidad y es el ámbito privado el único que se dedica al proceso de desamiantado. A partir de la concienciación sobre el riesgo que supone, ha surgido la necesidad de contratar empresas de desamiantado. Este proceso consiste en retirar del lugar las fibras procurando desprenderlas lo mínimo posible al ambiente, las encapsulan y las entierran al vacío en un vertedero especializado; los conocidos como cementerios de amianto. Estas empresas encargadas del desamiantado deben estar inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto.

Sin embargo, el control de las empresas registradas es deficiente para Josep Tarrés, médico que ha documentado cien mil casos de enfermedades relacioandas con el amianto en la zona de Cerdanyola del Vallès. Tarrés indica que la poca calidad de los controles hace que haya “empresas piratas” que no deberían superarlos, hecho que no sucede en otros lugares del mundo, como Italia.

Extracción segura

El Parlamento Europeo recomienda la inertización de los residuos del amianto, proceso que lo convierte en inocuo e incluso reciclable. Este proceso consiste en convertir el amianto en un mineral no cristalizable mediante procesos químicos y de altas temperaturas, aunque la laborista Marta Barrera considera que “no está probado que haga del amianto un material inocuo”. Al ser una cámara propositiva, sus resoluciones dependen de la voluntad del Consejo y de la Comisión de la UE, los verdaderos órganos decisorios. Para que se cumplan, Francisco Trillo, Doctor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, opina que “la acción verdaderamente efectiva será la presión social”.

 

Aunque la trama del amianto parece ser algo del pasado, es un problema de presente e incluso de futuro. Hoy en día, pese a no permitirse su uso de forma legal, seguimos conviviendo con amianto a diario. Por intereses económicos y falta de voluntad política, esta problemática no se ha expuesto en su totalidad a la sociedad. Francisco Puche, miembro de la plataforma malagueña Amianto Cero, atribuye este hecho a una “conspiración del silencio, ya que las grandes multinacionales consiguieron silenciarlo todo”. Por ello, los que conocen la trama del amianto se refieren a ella como el mayor genocidio laboral, incluso social, silenciado y silencioso, que ha existido.

Desde la AVAAC agradecer a David, Andrea, Sara y Xènia  (estudiantes de periodismo) por este reportaje de investigación en el cual han reflejado fielmente la triste realidad de este mineral, este es otro paso mas para que este asesino silencioso salga a la luz concienciando a toda la población sobre sus riesgos en el pasado, presente y futuro.